VIDA Y OBRA DE ALBERTO JIMÉNEZ URE (REGISTRO PARCIAL) – 2025

«Está emparentado, en esencia, con la obra de dos gigantes de la literatura, si literatura se puede llamar lo escrito por KAFKA o por BECKETT. Si en vez de haber nacido en Venezuela JIMÉNEZ URE perteneciera a un país desarrollado, su obra -fundamentalmente indagadora de un más allá- ocuparía aquí un puesto de reconocimiento. Nada tiene que ver con lo fantástico: una receta»

«En su obra hay videncia; hay intuiciones espirituales trascendentes; hay erotismo sádico-masoquista, me atrevería a decir, casi redentor, por lo purgativo; hay ciencia-ficción; hay cultivo del crimen como acto de rebelión total; hay preocupación interior por el destino humano; hay develamiento, blasfemia, insultos congelados, parodia de secretos íntimos, aberraciones, incesto, invocación sesgada demoníaca, delirio, maleficio, descomposición, fermentaciones enigmáticas» https://es.slideshare.net/julesmacdonaldpensador/juan-liscano-sobre-cuentos-escogidos

(Juan LISCANO)

DOCUMENTOS DE INTELECTUALES VENEZOLANOS NOTABLES (JUAN LISCANO SOBRE LA LITERATURA VENEZOLANA)

CARTA DE JUAN LISCANO DIRIGIDA AL ESCRITOR ALBERTO JIMÉNEZ URE

[Caracas, 11 de Marzo de 1979]

Querido Jiménez Ure.-

Hace un par de años, más o menos, recibí una suerte de libro cuyo título me interesó: Acarigua, escenario de espectros [I]. Leí algunos cuentos y me dije: «este escritor está buscando salirse del molde narrativo venezolano acostumbrado, está bien». Y guardé la publicación. Cuando le llegó la misma obra dedicada a Elvira Orphée [II], establecí la relación con usted y me encantó.

Luego llegó Acertijos [III]. He releído su libro anterior y este nuevo, y voy a comentarlos en Zona Franca [IV], con el seudónimo de Lorenzo Tiempo, que es el mío. Esta anunciada nota se demorará porque la revista, no lo olvide, es bimestral y, además, anda atrasada. Es lo que explica que su cuento no haya aparecido aún. Pero está ya tipeado y compuesto en uno de los dos próximos números, no sé si el 11 o el 12. Ya la nota no podrá aparecer sino el 13 o 14. La vida de una revista bimestral es lenta, en comparación con las páginas literarias.

Con respecto a sus libros, debo confesarle que me gusta más el primero. Umbral de otro mundo [V] es difícilmente igualable en «horror lírico» y establecimiento en el espanto espectral. Creo que el hallazgo, por su parte, de una forma de narrar diferente, le otorga a Acarigua… una frescura de inventiva que, en parte de los cuentos de Acertijos, resulta reiterativa. Sin embargo La fórmula, El recurso e Incisión [VI] son sorprendentes.  Pero La voluntad y El verdugo piadoso [VII], de su libro anterior, cuyo denominador común es la muerte, resultan más logrados, más brotados en una realización como un gesto, como un dibujo hecho en un solo trazo, sin levantar la pluma.

La fuerza de los cuentos fantásticos breves de un Borges [VIII], por ejemplo, no estriba sólo en la sorpresa y el tema, sino en la perfección idiomática, que no constituye un obstáculo, sino una transparencia. Pero debo manifestarle que la escritura narrativa venezolana, desde Díaz Rodríguez, inclusive, peca por exceso de adjetivos, proliferación verbal o bien por desaliño, desacierto expresivo. Le hablo como amigo deseoso de que usted se logre y logre su propósito bien intuido por Calzadilla [IX], en las breves palabras de exordio a Acertijos.

Leí en Ultimas Noticias un trabajo suyo quejándose de que no se prestara atención crítica al relato fantástico. La verdad es que en Venezuela no se presta atención a la Literatura. No pasa nada con ella, salvo cuando un factor de escándalo, con repercusión en los medios de comunicación, alerta al público.  Por ejemplo, el lío formado en torno al cuento de Garmendia [X], El inquieto anacobero, mediocre relato por lo demás, en comparación con lo mejor de este escritor.

Convénzase, Jiménez Ure, los venezolanos, en general, carecen de interés por la Literatura en si y gustan más bien del best seller bien promovido y cinematografiado, de piezas de escándalo, de eso que llaman documento, sobre todo político o de historia vernácula (verbigracia: las ediciones de conversaciones de El Ateneo, las experiencias de hampones y guerrilleros, etc.).

Venezuela es un país sin tradición creativa literaria. Gallegos, después de su gran trilogía Doña Bárbara, Cantaclaro y Canaima, se asustó de sus fantasmas interiores, y suplantó la creación literaria por la acción política. Fuera de esos tres libros, lo demás es malo, malo. La nombradía política le gusta más aun escritor que el trabajo auténtico creativo, porque este no retribuye en prestigio social. Pero eso sucede porque, a su vez, la gente es indiferente a la labor creativa literaria. Le repito, en literatura, aquí no pasa nada, salvo cuando factores extraños a la misma, entran en juego. Y esa  es la tentación peligrosa para el joven deseoso de imponerse: buscar el escándalo para atraer la opinión, el público.

Muchos de los desplantes escriturales o públicos culturales se deben a ese deseo de llamar la atención. Pero eso es caer en el juego de inoperancia literaria, de bastardaje o de ignorancia. Hay que resignarse con voluntad pesimista de combate y estoicismo: los escritores y la literatura son minoría y para minorías. Si se quiere ser estrella, en un país como el nuestro, allí están las telenovelas y la política.

¿No le causa náusea la unilateralidad de los programas matutinos, donde cada mañana desfilan los mismos políticos rotados, contestando las mismas preguntas imbéciles?

¿Y qué decir del despliegue de información sobre los avatares de las estrellas de TV, la calvicie amenazadora de Amundaray y la irritación de su vista, el embarazo de la Primerísima y su divorcio, la operación estética de Miguel Ángel Landa, los acné por angustia de Marisela Berti? [XI]

Por mi parte acepto –y creo que esta circunstancia resulta favorable- el carácter minorista de la poesía, la poca recepción de la Literatura verdaderamente creativa o humanística, la marginalidad del verdadero creador, la ignorancia en torno a la vida secreta del creador. En mi propia vida conozco la indiferencia hacia el acto creativo, de los venezolanos. A mi, por ejemplo, se me conoce como nombre público, pero casi nadie sabe por qué sueno. A lo sumo recuerdan que actué en programas de TV, que han visto mi foto en la prensa –sin atinar a precisar por qué motivo-, que me han atacado políticamente.

Hace poco hice un mini-crucero y la chica venezolana de la oficina, al ver mi nombre y pasaporte, me dijo conocerme. Le agradecí, y me preguntó si yo no era una figura importante del deporte. Otras veces me saludan en reuniones porque les suena mi nombre y no saben que soy escritor (unas veinte obras y un monte de artículos, entrevistas y ensayos).

Por momentos me pongo cruel. Así, dos veces que me felicitaron sendas personas por lo publicado recientemente. Tuve la insistencia de preguntarles qué era lo publicado. Se embrollaron. Insistí aún más, preguntando si se trataba de poemas, artículos o entrevistas. Estaban desesperados y tartamudeaban. No sabían cómo zafarse de mí y yo los retuve lo más posible con mis preguntas. Pero generalmente me importa un bledo y simplemente confirmo el no saber leer de los venezolanos que están teóricamente alfabetizados.

Para terminar esta larga misiva: yo he señalado varias veces (vea el Panorama de la Literatura Venezolana Actual) la carencia de literatura fantástica y el carácter cansonamente realista, sociológico, de nuestra narrativa. Lo que pasa es que son muy pocos los que escriben dentro de otro ámbito. Usted y Quintero [XII] son de los mejores, y hay algunos otros. Me voy a poner a buscar. Mientras tanto reciba, junto con un libro mío que quizá desconoce, un abrazo.

Juan Liscano

[Con la firma ilegible]

NOTAS

[®, caducados] Publicada por el diario Frontera, Mérida, Venezuela (Octubre 27 de 2004).

[I] Este formalmente «iniciático» libro de Jiménez Ure, y que efusivo cita Juan Liscano, fue publicado bajo las Ediciones Punto de Fuga, en Mérida, Venezuela (1976).

[II] Novelista argentina con la cual el poeta Juan Liscano estuvo casado.

[III] Edición de Universidad de Los Andes, «Consejo de Publicaciones»  (Mérida, Venezuela, 1979)

[IV] Importante revista literaria venezolana, ya extinta, que fue dirigida por Juan Liscano.

[V] Cuento inserto en Acarigua, escenario de espectros (Ob. cit).

[VI] Los tres textos fueron compilados en el volumen Acertijos, de cuentos (Universidad de Los Andes, «Consejo de Publicaciones». Mérida, Venezuela, 1979)

[VII] Ambas narraciones fueron incluidas en Acarigua, escenario de espectros (Idem.)

[VIII] Liscano se refiere al fallecido escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), autor de Historia universal de la infamia y Ficciones.

[IX] Alude a Juan Calzadilla (n. en 1931), uno de los poetas mayores de Venezuela. Autor, entre otros libros, de Dictado por la jauría y Bicéfalo.

[X] Mucho antes de su muerte, ya Salvador Garmendia (n. en 1928, a quien el escritor peruano-español Mario Vargas Llosa le hallaba semejanzas físicas con Rasputín) disfrutaba de una merecida notoriedad literaria nacional. Por haber escrito El inquieto anacobero, relato publicado en El Nacional de Caracas, lo amenazaron con cárcel. Autor de la novela Día de ceniza, Los pies de barro y La mala vida, entre otras. Celebrado escritor de telenovelas junto con José Ignacio Cabrujas e Ibsen Martínez.

[XI] Todos los mencionados en esta interrogante fueron o son actores y actrices de la Televisión Venezolana.

[XII] Liscano se refirió al afamado escritor Ednodio Quintero (n. en 1947), autor de La muerte viaja a caballo  y Volveré con mis perros [entre otras narraciones].

FUENTE:

DESCARGA CRÍTICA A CUENTOS ESCOGIDOS DE J. URE HECHA POR JUAN LISCANO

«Está emparentado, en esencia, con la obra de dos gigantes de la literatura, si literatura se puede llamar lo escrito por KAFKA o por BECKETT. Si en vez de haber nacido en Venezuela JIMÉNEZ URE perteneciera a un país desarrollado, su obra -fundamentalmente indagadora de un más allá- ocuparía aquí un puesto de reconocimiento. Nada tiene que ver con lo fantástico: una receta»

Por Juan LISCANO

(https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Liscano)

De niño me gustaba oír los cuentos del acervo popular contados por mi tío Barceló, a quien yo llamaba «Tío JáJá»; o por la servidumbre, al calor del fogón que, entonces, año de 1920, era el alma de la cocina. Con el pasar del tiempo y después de leer libros de cuentos para niños y sumergirme en las historietas de piratas, indios, Búfalo Bill, detectives, llegué a la juventud. Leí muchos cuentos. Los breves me gustaron en particular. A veces, los largos me subyugaron como El corazón de las tinieblas  de CONRAD. Ya contaba 20 años. Era en 1935. El año en que falleció el General Juan Vicente GÓMEZ, después de una dictadura ejercida como Presidente Constitucional o como Jefe del Ejército, el cual él mismo había creado. GÓMEZ, su poder, su terrible soledad.

Con el tiempo, me fui apartando un poco del género narrativo al cual había sido fiel hasta los años 50. De allí en adelante, exigí algo más que leer historias bien o mal aderezadas. Elegí. El trabajo con la poesía me alejaba de la narrativa, cuando no encontraba en ella alimento para la inspiración poética y la aventura interior del espíritu. La literatura por la literatura misma empezó a aburrirme. La literatura es para algo más, pensaba, no sólo forma y técnica. Discriminé. Hallé aliento y pensamiento en GALLEGOS, LAWRENCE, HESSE, MALRAUX, HUXLEY; CÉLINE me asombró.

Y así llegué a leer los primeros cuentos de JIMÉNEZ URE: quedé conquistado. El título era ya un hallazgo sugerente de misterio: Acarigua, escenario de espectros. Lo publicaba unas ediciones desconocidas. Era en 1976. El librito contenía relatos atroces; todos podían llamarse con el título de uno de ellos: Umbral de otros mundos.  El personaje central, el protagonista inocultable, era la muerte; no como especulación filosófica o espiritual, sino como avasallante presencia en el aquí.  JIMÉNEZ URE, a los 24 años, imagina once situaciones, once historias para la actuación de la muerte o, mejor dicho, para conocer la entrada hacia la muerte absoluta. Por lo tanto, sus invocaciones mortales no acceden al absoluto de la muerte, pero sí develan brutalmente la condición humana capaz de todo. Elucubración no propiamente de estética narrativa, sino de metafísica existencial, admitiendo que el hombre sopesa su cadáver.

Estos cuentos iniciales, si bien mantienen la acción de muerte en el discurso escrito, revelan algo que pertenece a la Filosofía, al innatismo, a las búsquedas esotéricas; que lo pensado es más real que la realidad empírica y que la muerte física, anecdótica, accidental o buscada, el suicidio, el tormento, el crimen, son umbral de otro  mundo  sin reflejo.

De modo que la obra toda de JIMÉNEZ URE se mantiene dentro de estos parámetros y da lugar al despliegue de situaciones límites, paroxismáticas, que operan como negativos de un arte de pensar insólito, donde fuerza las fronteras de la realidad para asomarse, en vano, hacia otro mundo, en un ejercicio que jamás ha realizado escritor venezolano alguno.

Está emparentado, en esencia, con la obra de dos gigantes de la literatura, si literatura se puede llamar lo escrito por KAFKA o por BECKETT. Si en vez de haber nacido en Venezuela JIMÉNEZ URE perteneciera a un país desarrollado, su obra -fundamentalmente indagadora de un más allá- ocuparía aquí un puesto de reconocimiento. Nada tiene que ver con lo fantástico: una receta.

Nunca hubiera sido un «bestseller», como no lo fueron, sea dicho de paso, ni KAFKA ni BECKETT. El «best-seller» es concepción de mercado y no de imaginación creadora óntica, filosófica, desordenadora del realismo y de todas las seguridades hipócritamente buscadas en lecturas vacacionales. Hasta cierto punto, la obra de JIMÉNEZ URE podría calificarse con el término decimonónico de «maldita». No en el sentido de la bohemia en que nace y se mantiene, sino en lo arriesgado de la experiencia convulsiva y terminal. JIMÉNEZ URE no es dado a la bohemia.

En su obra hay videncia; hay intuiciones espirituales trascendentes; hay erotismo sádico-masoquista, me atrevería a decir, casi redentor, por lo purgativo; hay ciencia-ficción; hay cultivo del crimen como acto de rebelión total; hay preocupación interior por el destino humano; hay develamiento, blasfemia, insultos congelados, parodia de secretos íntimos, aberraciones, incesto, invocación sesgada demoníaca, delirio, maleficio, descomposición, fermentaciones enigmáticas. Su obra -y es su principal mérito- elude la cantidad para buscar una calidad inusitada, la cual no se afinca ni logra su propósito en la extensión verbal, sino en lo breve, sucinto, un tajo de palabra, un filo de arma blanca en la oscuridad del mundo.

Nadie puede disfrutar leyendo a JIMÉNEZ URE. Ingresa en lo insólito, lo desmesurado apretado en cápsula explosiva, en lo mínimo creciendo de pronto como un dinosaurio venenoso. Leerlo es un ejercicio de pensamiento y de trabajo interior. Estamos ante un universo semejante al de BOSCO o BRUEGHEL, al de los Caprichos de Goya en lo que este tiene de medieval. Y medieval es la obra toda de JIMÉNEZ URE, por su atrevimiento ontológico propio de inspiración diabólica, por el ángel que se esconde, por la crueldad de lo representado: eterna crucifixión del hombre.

El rito fundamental del cristianismo es la crucifixión después del martirio. En nada corresponde a la herencia de poder romano que el imperio agonizante dejó a la Iglesia. Esa contradicción entre lo intemporal del sufrimiento por predicar la Verdad   y lo temporal de gobernar con política el imperio que será cristiano, explica el rostro doble del Cristiano: el símbolo de la Cruz en la empuñadura de la espada. Por transferencia la Iglesia sigue y seguirá crucificando a Cristo. Sin embargo, esa dualidad esencial motivó la expansión de la Iglesia y de Cristo, una antinomia. Lo apasionante fue la absorción de los antiguos misterios de muerte y resurrección, en el drama de la Pasión. Para el cristiano verdadero -y solemos serlo por momentos- el tránsito vital es una ruta que lleva a la muerte y a la resurrección del Juicio Final.  Nacer, morir a ese nacimiento repugnante, resurgir para encontrar el verdadero camino de la muerte.

La obra de resonancia interior inagotable  de JIMÉNEZ URE, tras su apariencia demencial, demoníaca, delirante, blasfematoria, oculta la expectativa del más allá, al cual se asoman sus personajes esquemáticos, urgentes, urgidos, absurdos, espectrales, gesticulando en una representación terrorífica, sin principio ni fin, de la muerte y el sexo.

Hay que leer sus Cuentos escogidos (Monte Ávila Latinoamericana, Caracas, 1995). Nos remiten a otros conjuntos narrativos anteriores: Suicidios, Inmaculado, Maleficio, Acarigua… JIMÉNEZ URE objetiva, en pocas palabras y en frases cortas (eficaces, taladrantes), los comportamientos humanos más increíbles, todos entre sangre, sexo, semen, extravío y muerte.

Lo que me seduce en JIMÉNEZ URE es su falta de respeto hacia la realidad, la metafísica contenida en sus píldoras cuentísticas, en sus mininovelas. Sus pensamientos, lucubraciones y poemas apenas transmiten el poder concentrado de su narrativa tan rica en situaciones de lo imaginario real, un modo de expresar la visión del mundo, entre la metamorfosis y la forma, la muerte y el enigma del más allá, la residencia en el umbral de todo lo que deja de ser.

[En el diario El Universal, Caracas, 27-07-1995]

Escritores y artistas mencionados por Liscano:

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/franz-kafka-escritor-atormentado_15357

https://es.wikipedia.org/wiki/Samuel_Beckett

https://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Conrad

https://es.wikipedia.org/wiki/R%C3%B3mulo_Gallegos

https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/1536/D.H.%20Lawrence

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/h/hesse.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9_Malraux

https://es.wikipedia.org/wiki/Aldous_Huxley

https://es.wikipedia.org/wiki/Louis-Ferdinand_C%C3%A9line

https://es.wikipedia.org/wiki/El_Bosco

https://es.wikipedia.org/wiki/Pieter_Brueghel_el_Viejo

DESCARGA EL LIBRO «PENSAMIENTOS» DE J. URE (REVISIÓN 2023)

 ALBERTO JIMÉNEZ URE

(Nacido en Tía Juana, Campo Petrolero del Estado Zulia-Venezuela, Año 1952)

Escritor, http://www.significadode.org/filosofacto.htm

 y comunicador social adscrito a la Universidad de Los Andes de Venezuela, donde fue miembro fundador de su Oficina de Prensa y Consejo de Publicaciones. Autor de más de 40 libros. https://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Jiménez_Ure

SEMBLANZA DEL ESCRITOR ALBERTO JIMÉNEZ URE (POR GIL OTAIZA) DESCARGA EL PDF

Por RICARDO GIL OTAIZA

(@GilOtaiza/rigilo99@hotmail.com/

https://es.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Gil_Otaiza)

[…] La mordacidad del escritor Héctor Mujica generó la frase según la cual yo, por ser un «Instrumento de El Maligno» [lo leyó en Revelaciones  y lo expuso en una crítica que apareció en varios diarios], de «El Patrón», soy, en consecuencia, un perverso y nada más: una persona abominable […]

(Alberto Jiménez Ure entrevistado por Gil Otaiza, para el diario El Universal, Caracas, 1998)

[…] Lejano a cualquier tipo de vanidad o soberbia que nos hiciera sentir como seres inferiores frente a su indiscutible consagración, en este escritor encontramos a un «igual»: a un intelectual ganado a una apertura inaudita y escasa (escasísima, diría) en nuestro mezquino medio académico y cultural […] Alberto constituía una especie de «gran oráculo» cuya oficina no daba abasto para albergar al sinnúmero de poetas, narradores y ensayistas en ciernes que veíamos en él un ejemplo a seguir en el espinoso camino de las letras […]»

(R. G. O.)

JIMÉNEZ URE

Conozco a Jiménez Ure desde hace muchos años, cuando aún era miembro activo de la Oficina de Prensa de la Universidad de Los Andes. Me acerqué a él como tantos otros jóvenes escritores que buscábamos, en su poderosa figura literaria, abrigo para nuestros propios sueños. Alberto (como lo llamaré en lo sucesivo) constituía una especie de «gran oráculo» cuya oficina no daba abasto para albergar al sinnúmero de poetas, narradores y ensayistas en ciernes que veíamos en él un ejemplo a seguir en el espinoso camino de las letras.

Contrario a lo que suele suceder con aquellos personajes que se han ganado un importante espacio en cualquier actividad humana, que se erigen en «seres inalcanzables», «acartonados»  y «exquisitos», en él hallábamos a un literato de trato diáfano y cortés que no cejaba en ofrecernos posibilidades reales para que alcanzáramos nuestras metas. Lejano a cualquier tipo de vanidad o soberbia que nos hiciera sentir como seres inferiores frente a su indiscutible consagración, en este escritor encontramos a un«igual»: a un intelectual ganado a una apertura inaudita y escasa (escasísima, diría) en nuestro mezquino medio académico y cultural.

A cualquiera –con la trayectoria de Alberto- se le«habrían subido los humos» a la cabeza. Ya para aquél entonces (comienzos de los 90) contaba con una vasta obra en diversos géneros: narrativa (cuento y novela), poesía, ensayo y crítica literaria. Era articulista consentido de los diarios regionales (de Mérida y Lara) y de los más importantes rotativos del país (El Nacional, El Universal, El Globo y Diario de Caracas) Mantenía amistad y comunicación epistolar con relevantes intelectuales de Venezuela y del exterior. Su incisivo parecer sobre disímiles aspectos (culturales, políticos, académicos, entre otros) era altamente cotizado (y buscado) por los medios de comunicación de acá y de más allá. Era invitado permanente en los postgrados de literatura para que disertara sobre su obra, era jurado de concursos literarios y había recibido suficientes reconocimientos como para sentirse satisfecho con tan portentoso recorrido.

Ese que acabo de describir era el perfil humano y autoral de Alberto para entonces. Como se supondrá, quedé enganchado y, a partir de esos días,  mantenemos amistad: compartimos honores en jornadas literarias, bienales, programas de televisión; preparamos ediciones de libros, y hasta viajamos juntos durante varios años para asistir a slaFeria Internacional del Libro de Caracas (en sus mejores tiempos), en la que con frecuencia se presentaban nuestras obras. Gracias a él conocí a importantes figuras literarias: Mempo Giardinelli (quien ganara el Premio Internacional de Novela «Rómulo Gallegos» con su libro Santo Oficio de la Memoria), Oswaldo Trejo, José Ramón Medina, Teódulo López Meléndez, Eva Feld, Marisol Marrero, Eleazar Ontiveros Paolini, Juan Liscano, Denzil Romero, Salvador Garmendia, Anabelle Aguilar Breally, Héctor López, Enrique Plata Ramírez, Fernando Báez, José Antonio Yépes Azparren, María Luisa Lázzaro, Wilfredo Machado, Eduardo Liendo, Edilio Peña, Gabriel Jiménez Emán y una larga lista.

Hoy, el nombre de Alberto Jiménez Ure se ha consolidado en el ámbito nacional e internacional. Su obra está rondando los cincuenta títulos, varios de los cuales han sido editados por universidades e instituciones extranjeras. Diversos autores nacionales y de afuera le han dedicado cientos de páginas, así como tesis de pregrado, maestría y doctorado a su portentosa obra, que no es fácil (dicho sea de paso)ya que bordea los peligrosos senderos de lo pérfido que anida en el alma humana: de ahí la reticencia de algunos para acercarse a ellas.

Alberto hace literatura en torno a esa otra cara de la moneda, a ese lado oscuro y siniestro que todos llevamos dentro. Sus personajes son complejos y se mueven en un «claroscuro» que muchas veces logra perturbarnos, en un afán ontológico de comprensión de su propuesta. En lo particular, puedo expresar (con orgullo) que el Año 2010 el «Vicerrectorado Administrativo» de la Universidad de Los Andes me editó el libro Jiménez Ure ante la crítica Gilotaiziana: en el cual discurro por el análisis crítico de su obra publicada a lo largo de las dos últimas décadas. Creo (toco madera) que este libro abre trochas, caminos y senderos en un intento «académico» por dar al conjunto de su propuesta estética una «visión totalizadora»:ajena a distorsiones y tergiversaciones de parte de posturas pacatas que buscan con afán su descrédito por la vía del «latiguillo moral».

Nos queda mucho por esperar todavía de la pluma de este gran literato venezolano, quien con dedicación y disciplina «monástica» (aunque no tenga nada de asceta) ha logrado posicionar su pluma en espacios connaturales y diversos dejando sentado su talento, su agudo verbo, su cultura universal y, sobre todo, su pasión literaria a toda prueba, la cual no ha dado descanso en las últimas décadas hasta llegar a construir una obra gigantesca que seguro no caerá en el olvido

(En Lector de Libros, p. p. 25-27/Edición de la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 2014)

JIMÉNEZ URE Y LA AMBIVALENCIA DE LA VIDA

«Jiménez Ure logra construir en cuatro décadas una obra que llama la atención por la diversidad de factores que las colman: un lenguaje osado, rico en neologismos, que se hace personaje dentro de la trama para irrumpir con fuerza en nuestros sentidos. Una historia descarnada, lindante con la locura, que muestra el lado oscuro del alma humana, hasta dejarnos inermes frente a nosotros mismos y ante la realidad. Una densa carga filosófica que busca lo paradójico, hasta convertirse en espada de doble filo frente a la lectura y las certezas propias de la existencia»

[https://www.analitica.com/entretenimiento/jimenez-ure-y-la-ambivalencia-de-la-vida/]

Nada más complejo que exponer en breves cuartillas la impronta literaria, cultural y humana del escritor Alberto Jiménez Ure [Tía Juana, estado Zulia, 1951]. En él converge diversidad de facetas que hacen de su figura centro de una ambivalencia digna de todo gran creador. Tan es su consubstanciación con el hecho literario, que para quienes lo conocemos se torna arduo difícil separar en él esa amalgama literatura-hombre, que hace de su obra y de su vida una ecuación perfecta.

Jiménez Ure no sólo es su obra [cuya experticia le ha ganado adeptos y animadversiones dentro y fuera del país], sino que todo en él comienza y termina en un insólito engranaje en el que el texto literario se convierte en el argumento ideal, que hace de su visión personal una mera proyección [en todo caso transposición] de lo escrito por él y por los otros. Si a ver vamos, este escritor e intelectual zuliano-merideño es la encarnación vívida de lo literario. En palabras distintas: Jiménez Ure es literatura. Si quisiéramos ir más allá podríamos argumentar que hasta su propia vida personal está sazonada con tantos elementos rayanos en la inverosimilitud y la truculencia, y de ella se podrían escribir varias novelas bestsellerianas, de esas que tanto abomina nuestro autor.

La pasión literaria en Jiménez Ure es sin duda un fenómeno freudiano [con todas las connotaciones epistemológicas y filosóficas que tal aseveración puedan derivar], que comienza desde su lejana juventud y trasmonta los linderos tempo-espaciales, para erigirse en la actualidad en la propuesta narrativa más original y perturbadora que pueda mostrar un autor venezolano.

Jiménez Ure logra construir en cuatro décadas una obra que llama la atención por la diversidad de factores que las colman: un lenguaje osado, rico en neologismos, que se hace personaje dentro de la trama para irrumpir con fuerza en nuestros sentidos. Una historia descarnada, lindante con la locura, que muestra el lado oscuro del alma humana, hasta dejarnos inermes frente a nosotros mismos y ante la realidad. Una densa carga filosófica que busca lo paradójico, hasta convertirse en espada de doble filo frente a la lectura y las certezas propias de la existencia. Personajes esperpénticos que se desnudan a los ojos del lector sin perder en el camino su identidad y sin dejar de ser al mismo tiempo -paradoja de paradojas- ellos mismos. Atmósferas cargadas de sombras, de claroscuros, de acechos permanentes, que buscan recrear incertidumbres y certezas, realidades y fantasías, terribilidades y portentos. Constante acecho de lo imposible en contextos en los cuales todo es permitido; incluso lo posible. La mezcla irreverente de tiempos y de dimensiones, que producen en el lector la sensación de vacío, de perennidad de lo terreno y de temporalidad de lo eterno. Textos breves, demasiados breves, pero con una carga explosiva de sensaciones, que hace de ellos espacios ideales para la lujuria del intelecto y de los sentidos.  Elevada confluencia de lo erótico, hasta el extremo de perderse en su liviandad el sentido de lo humano y de lo racional. Un denodado peso de lo político, que hace de cada texto una lectura soterrada de realidades, que por conocidas se nos transforman en verdades profundas y dolorosas.

En lo personal, Jiménez Ure es la confluencia de lo telúrico y de lo global, de lo poético y lo racional. Su presencia se hace necesaria en la medida en que encontramos en él permanente estímulo y apoyo en la conquista de los sueños que se hacen compartidos. Nuestro autor no sólo es un escritor: es un literato -en el sentido más profundo del vocablo- comprometido con su tiempo histórico, consciente de su valor y de sus aportes desde una mirada lúcida y crítica de la realidad presente. Jiménez Ure es amigo y es aliado y su voz incisiva y lacerante se hace molesta a los oídos de los gobernantes, quienes ven en él a un esteta de la palabra, que no da tregua a su verbo a la hora de denunciar sin subterfugios todo aquello que nos desdibuja como ciudadanos. Durante décadas su presencia en los medios de comunicación es signo evidente de su claridad y contundencia en eso de quitar caretas a los impostores, de dejar sin argumentos a los falaces, de poner al desnudo las realidades sociales que se nos venden como ideales, y tras cuyos andamiajes se esconden el horror y la demagogia.

Jiménez Ure es un escritor honesto, sencillo, sin poses ni falsas posturas intelectuales: un hombre de una sola pieza, a quien no le tiembla la pluma ni la voz si con su palabra devuelve a la persona la condición de humanitas, que es inherente -e indivisible- a su propia naturaleza.  Este homenaje que se le tributa es merecido y debería servir de estímulo para que otros nos veamos en su espejo, que posee la doble cualidad de lo cóncavo y lo convexo, lo que permite concentrar y difuminar, como en un perverso juego de lo real y lo fantástico. Ergo, como en el doble juego de la vida

[Texto leído en la sede de la Librería «La Rama Dorada», de Mérida, el 17 de Noviembre de 2011]

ALBERTO JIMÉNEZ URE, UN HOMBRE DE CULTURA

 http://www.prensa.ula.ve/2016/06/10/discursos-e-intervi%C3%BA-en-homenaje-de-la-academia-de-m%C3%A9rida-al-escritor-alberto-jim%C3%A9nez-ure

Hablar de Alberto Jiménez Ure (Tía Juana, Edo. Zulia, Venezuela) es indagar donde anida el hecho literario y cultural de casi la última mitad del Siglo XX Venezolano, y lo que va del XXI. En este autor se conjugan una singularidad de portentos: «agudo» e «incisivo verbo», persistencia en el oficio, arrojo a la hora de asumir retos y desafíos, originalidad en sus propuestas y un estilo propio e inconfundible. La Literatura Jimenezureana es la amalgama de lo posible y la mirada desde lo tangencial, para hacer de sus textos (cuentos, novelas, poesías y pensamientos filosóficos) pequeños artefactos que gustan desnudar la realidad humana en sus más descarnadas aristas. Cada página del autor tiene la particularidad de mostrarnos el haz y envés de una misma realidad: la complejidad de la vida y sus más profundos tormentos. El horror en AJU dista de los lugares comunes que suelen presentársenos desde la «Meca del Cine», o desde la Literatura Canónica, para adentrarse sin rubor en aquello que nos aleja de una «moral pacata», cincelada por lo religioso, para internarse en los densos territorios de lo escatológico y de las sombras. 

En nuestro homenajeado los linderos entre la realidad y la literatura se desdibujan para mostrarnos circunstancias y personajes que caminan en los márgenes de la sociedad, que se confunden (quizá sin pretenderlo) con mundos «esperpénticos», «monstruosos» y «fantasmales», que buscan azuzar en sus lectores ese otro lado que olvidamos en medio de lo fáctico (la verdad de las mentiras de la que nos habla Mario Vargas Llosa), hasta dejarnos inermes frente a hechos que muchas veces no comprendemos, pero que terminan por convertirse en realidades paralelas y, quizá necesarias, en el contexto de las truculencias propias de la vida y de sus portentosos actores de carne y hueso. 

Los textos de Jiménez Ure son breves y contundentes, estremecen los sentidos, horadan los nervios, van más allá de lo previsible para golpearnos la razón, hasta dejarnos indefensos y muchas veces atónitos, sin que ello implique desconcierto, abandono de la lectura, o el abrupto rompimiento de la magia que todo buen relato (y texto en general) entreteje a modo de densa trama. Nuestro autor es un maestro del cuento breve, reconocido aquí y más allá de nuestras fronteras, incluido en decenas de antologías, erigiéndolo en figura clave del devenir literario nacional, con fuerte proyección continental. Es un merideño por adopción y corazón que ha construido, con tesón y disciplina monástica, una sólida obra hasta hacerte parte y todo de un gran movimiento literario y cultural que reconoce en él a uno de sus más aventajados exponentes.

Paralelamente a su obra literaria, AJU ha sido una pluma indispensable en la prensa venezolana de las últimas décadas. Sus posturas iconoclastas, su contundencia lapidaria y su defensa «a ultranza» de la Democracia han sido valores que ha enarbolado con valentía: sin importarle que, con ello, fuese vetado en algunos medios, hasta convertirse en un articulista «a las sombras, cuyos textos son leídos y admirados por «iniciados», quienes buscan en sus posturas nortes y derroteros en medio de la incertidumbre nacional y planetaria. Es un articulista combativo, irreverente y cáustico, que pretende con sus reflexiones políticas, académicas o literarias, impactar la conciencia del lector, hacerlo su cómplice, ganárselo por la vía de la argumentación bien hilada, coherente y lógica, sin que ello implique que se aleje de la complejidad del lenguaje que indaga también en los peligrosos territorios de la ambigüedad y antinomia. Es nuestro amigo dueño también de un humor negro, salpicado de ironía, que logra anclarse en medio de nosotros como latiguillo que nos recuerdo el compromiso del hombre de letras con su tiempo histórico. 

Es Jiménez Ure un hombre de la Cultura, quien, desde su cubículo ubicado durante muchos años (hasta su jubilación) en pleno corazón de la «Oficina de Prensa» de la Universidad de Los Andes (y mucho antes en el Consejo de Publicaciones), promovió nuevos talentos literarios, sirvió de enlace entre grandes figuras de entonces y la intelectualidad universitaria y merideña hasta convertirse en figura clave de nuestras letras. Hoy, muchos de los que trajinamos los duros caminos de la Literatura reconocemos en este hombre afable y sencillo su sentido de compañerismo, su entrega sin mezquindad, su dar sin esperar nada a cambio, su presta orientación, su afán de proyectar a otros, su pasión por las letras y su amor por la institución. Es un literato a dedicación exclusiva, un hombre de pensamiento, un promotor de la paz y el respeto, un agente de la civilidad en su más elevada expresión filosófica.

Por todas estas razones, en la «Academia de Mérida», en esta hermosa y antigua casona, rendimos homenaje al escritor, al intelectual, al amigo y al ciudadano; al universitario cabal que hizo de la ciudad de Mérida su destino personal, el de sus hijas, y el de su vasta obra hoy ya universal.

 (Gil Otaiza en funciones de Presidente de la Academia de Mérida, Venezuela, Junio del año 2016)

DESCARGA TESIS DE MONTERO RODRÍGUEZ SOBRE CUENTOS ABOMINABLES DE J. URE

ABSTRACT

Three reviews of the speech of the postmodern era in Alberto Jiménez Ure’s Cuentos Abominables: time-space, eroticism and reliability. This work aims at analyzing the current controversial concept of postmodernism in the Latin American literature portrayed in Cuentos Abominables that was written by the Venezuelan writer Alberto Jimenez Ure. It reviews the categogy known as cronotopo that is the unification of space and time which was proposed by Mijail Bajtin as well as two relevant speeches inside the postmodern era: the eroticism and the reliability.

INTRODUCCIÓN

«El mundo real a la postre se convierte en fábula»

(Nietzsche)

Para explicar la posmodernidad es necesario observar los últimos veinticinco años del Siglo XX, así como el conjunto de permutas sociales que en él se han generado: un acelerado crecimiento de los medios de comunicación de masas, el exceso del consumismo capitalista, la denominada globalización, la intermisión de lo local, el incremento de los medios de control social mediante la computadorización de los servicios públicos y privados. Todo esto muestra un horizonte de la vida social como maquinaria compleja que, poco a poco, va aniquilando al individuo y donde lo cotidiano se ve regulado obsesivamente.

De este paisaje socio-cultural-económico se ha logrado desprender este nuevo paradigma epistemológico: la posmodernidad, el cual recoge esa visión general acerca de dichas transformaciones sociales. Asimismo, ha producido todo un debate, al interpretarse inicialmente como reevaluación de la modernidad y su relación con lo social, cultural y económico. El término posmodernidad surgió hacia finales de la década de los años cincuenta o principios de los años sesenta, como producto de una coyuntura histórica marcada entre otras cosas por la Guerra de Vietnam (de donde se genera una crisis socioeconómica por el alza en los precios del petróleo) y el Caso Watergate, ambos acontecimientos que alimentaron el cinismo; en Europa Occidental surgen los movimientos democráticos posteriores a la desintegración del comunismo. En general, se dan retos culturales donde lo culto y la tradición dejan de ser propiedad exclusiva de grupúsculos, donde el industrialismo refleja su rostro devastador en la degradación del ambiente, el agotamiento de los recursos irremplazables y el deterioro de la capa de ozono (Lyon, 1997: 20-21).

La década de los años sesenta fue un tiempo de evaluación y rompimiento de reglas sociales, donde se mostró la irracionalidad de las drogas y se desató un fenómeno que conllevó una inevitable crisis y un irremediable cuestionamiento de los valores establecidos. En los inicios de la «Guerra Fría», con el mundo de las comunicaciones, el de las imágenes (televisión) y el de los vuelos espaciales, se comenzó a variar el orden sociocultural mundial. Este contexto abordó la diferenciación modernidad/posmodernidad y se entendió esta última a partir de tres dimensiones diferentes: como un cuestionamiento de las doctrinas heredadas por la Ilustración [1], para unos; como consecuencia extrema de la modernidad, para otros; o como agotamiento de la modernidad misma y su ruptura radical, para unos terceros. De esta manera, se entiende por qué se puede asociar la teoría bajtiniana con la posmodernidad desde la perspectiva de lo dialógico, como elemento que permite desenmascarar la ilusión de una voz única, de asignaciones valorativas que perpetúan oposiciones reductoras y excluyentes, además de interrogar las visiones totalizadoras, autoritarias, las verdades únicas en argumentos sociales, literarios, filosóficos y demás. Tal como afirma Iris Zavala (1991:129), el texto posmoderno se constituye en una revisión epistemológica que apoya el mundo de combate, la desarticulación de lo racional y lo estable dentro de un juego de estrategias y simulacros en cuanto actitudes activas, subversivas, hacia instituciones sociales, culturales y el mundo material. Consecuente con estas afirmaciones, se ha de destacar la teoría propuesta por el estudioso ruso Mijaíl Bajtín sobre la forma, contenido y significado de la novela (y la narrativa en ge- neral, incluyendo el cuento). Teoría en la cual ocupa un lugar importante el concepto empleado por él con el nombre de cronotopo. Dice este estudioso que: «A la intervinculación esencial de las relaciones temporales y espaciales asimiladas artísticamente en la literatura, la llamaremos cronotopo» [lo que traducido literalmente significa tiempo-espacio]«En el cronotopo literario-artístico tiene lugar una fusión de los indicios espaciales y temporales en un todo consciente y concreto» (Bajtín, 1986: 269).

Para destacar la importancia del cronotopo dentro de la literatura, este académico estipula las posibilidades que presenta en la concreción de la imagen del hombre en la literatura, y la interacción del tiempo y del espacio dentro de un texto específico (Bajtín, 1986: 270). En este punto, Mijaíl Bajtín propone que el estudio del cronotopo literario artístico puede producir infinitas posibilidades, las cuales irán proporcionando nuevas realizaciones del tiempo y el espacio en el arte y la literatura. Por tal motivo, se ha de detener en el estudio de lo que se denominará aquí como la unión espacio-tiempo de la posmodernidad, entre diversos tipos que de la producción artística pudieran surgir. En el actual contexto sociocultural latinoamericano, la aprehensión de la posmodernidad como posibilidad de lectura de la modernidad (ésta última impuesta desde el llamado Descubrimiento y la Conquista españolas) resulta sumamente interesante; pues dicho paradigma permite observar cómo en la literatura de esta orbe históricamente marginal, también se puede asumir la palabra, decir y decirse [2] Por ello, en los cuentos del venezolano Alberto Jiménez Ure se deslinda esta condición posmoderna como un vislumbro de esa unión espacio-tiempo, que podría ser ubicable en el momento vigente tal y como se intentará hacer a continuación; igualmente se pretende realizar una revisión de dos de los discursos que esta perspectiva dialógica contemporánea parece acarrear con gran fuerza: el erotismo y la fiabilidad.